Cónica
Eran las siete de la mañana del lunes quince de abril y un grupo de la Unidad de Caballería de la Policía Nacional se preparaba para los festejos del día.
La Policía Montada llevaba a cavo los últimos preparativos para un día que marcaría la vida de muchos niños. No era la primera vez que se celebraba un evento de este tipo pero en esta ocasión era algo más especial puesto que los protagonistas serían niños que padecen distintas enfermedades como la esclerósis múltiple o autismo.
Alrededor de las once los caballos estaban listos para dar la bienvenida a los niños y sus familias con un pequeño espectáculo que la Dirección General de Policía Montada había preparado para ellos.
En torno a las doce ya se podía palpar la emoción en el ambiente que provenía de los asistentes, que ya llenaban el espacio de la asociación expectantes por las actividades que el día les traería. En ese momento comenzó un sencillo pero entretenido show de caballos en el que estos daban giros y pequeños saltos ante la expectación de los pequeños que asombrados observaban el panorama. Los policías llevaban su uniforme habitual con los cascos que utilizan para montar. Al finalizar el acto emocionados por los aplausos de los asistentes se bajaron de los animales y se quitaron el sombrero.
A partir de la una, lo que venían siendo hasta el momento terapias con animales convencionales, se convirtió durante unas horas en una verdadera fiesta dentro del Campo de Desarrollo. Los niños se acercaban a los animales, los asistentes charlaban y la policía se unió al evento.
Había dispuestas mesas con vasos y bebida y platos de todo tipo para picar. Sin embargo, la verdadera sorpresa llegó a las cinco cuando varios policías entraron al recinto sujetando una caja grande. La situaron en la mesa central y había en su interior para sorpresa de los asistentes una tarta con la inscripción: “Feliz día del niño”.
Apenas pasada media hora la bandeja plateada que sostenía la tarta quedó vacía y los invitados continuaron hablando y acercando a los niños a los animales.
Alrededor de las seis y media los animales fueron retirados y una madre pidió silenció para decir unas palabras de agradecimiento: “Gracias por hacer posible este tipo de actividades, por permitir mejorar la calidad de vida de nuestros niños de forma tan saludable…”
Tras el gran plauso a las palabras de María Lena, madre de un niño con síndrome de Down, lentamente el recinto se fue vaciando hasta quedar vacío. Ya solo quedaba esperar al próximo Día del niño en el que, con suerte, de nuevo se reunirían cientos de niños para pasar la tarde entre risas, comida, juegos y lo más importante: caballos.

